
La totalidad en sus partes. La contemplación misma del universo creativo que concierne la mirada unívoca, precisa, y matizada sin embargo por las distintas maneras de abordar la obra creativa. Son cuatro y se llaman tres, otra manera del abordaje cuyo talento se desborda entre perfiles finísimos de pintura asociativa: Kraser, Poli124, Firebirth y Sealtres acometen sin contemplaciones las series que constituyen buena parte de su quehacer pictórico. El graffiti como elemento nutritivo en el campo, siempre difícil, de la experimentación artística. Lienzos, también la calle es un enorme lienzo por donde discurre no sólo la vida, esculturas y muros, reciben el impacto de una mirada con fuerte carga irónica, con acentos transgresores de la realidad imperativa.

Los cuatro, que son los tres, en la práctica del rigor como método de trabajo, muy principal, elaboran propuestas concernidas por la cadencia sincrética. Todos laboran remando en una misma dirección, y en las velas del palo mayor el viento que facilita la travesía. Entendemos las propuestas porque se avienen en estilos que habitan un mismo lenguaje: la pasión por el espacio común. La calle como encuentro de las pluralidades. La cultura entendida como la coparticipación de los diferentes elementos que la conforman. Los colores que se funden en universos de discurso cromático, tan próximos al lenguaje no sólo icónico, también verbal. Porque de verbos, de palabras a veces desmayadas y retorcidas, emerge con singular destreza la vertiente plástica que la escritura comporta. Toda una realidad vive sutilmente difuminada por la mano maestra de una suerte de concretismo poético, cuyo valor esencial opera junto a la grafía. Y eso, entre otras muchas cosas ya conocidas, es el operativo graffitero.



Fragmentos. La mirada calidoscópica que advierte la esencia de las cosas. Así, a pequeños momentos de vida vivida, a saltos de esperanza que conmueve el orden justo de los elementos. Pero en la mirada toda de los cuatro, aunque se llamen tres, o en el mirador de las retinas, se atisba una luz que ilumina, con mucha generosidad, la universalidad de la compartición artística. Y no sólo artística, también la humanidad, el humanismo creativo y el taller de la pluralidad convergente, aportan razones esenciales para la vida que quiere ser testimonio de cuanto acontece. Incluso en los sueños o en la virtualidad simbólica de la propuesta estética.

El gusano recorre las entrañas de la gran ciudad, mostrando en la carcasa de su cuerpo brillante, en los metales relucientes de su costillar, el atrevimiento de unos estetas en atropellado coraje demostrativo. Pero los cuatro, aunque se llamen tres, rasgan los muros, tejen los lienzos, pulen las formas, arrastran rostros y grafías, construyen universos con colores y sombras, abrazando siempre los volúmenes de una fantasía nueva. Y todo es para compartirlo con nosotros, con los demás. Nada más y nada menos. Desde mi admiración por su trabajo reconozco mi gratitud hacia todos ellos. ¡Qué suerte tenerlos tan próximos!
J. Sou
Universidad Miguel Hernández de Elche

